sábado, 20 de enero de 2018

Trilogía de la destrucción: Hiperconsumo


Escribo mis últimas palabras desde mi apartamento en Zúrich, desde hace tiempo quería dejar escrito lo que he vivido en el seno de mi familia desde que era pequeño y como he seguido yo esos planes, unos planes que me parecen una obra maestra, algo que el mundo debería conocer para alabar nuestra hazaña.

Desde que acabó la primera guerra mundial mi familia decidió que debía hacerse un sitio en el poder mundial, decidió crear al mayor demonio que la humanidad ha presenciado, en ese momento miramos a Alemania, fue fácil, la materia ya estaba formada, solo necesitaban un camino y ellos ya lo tomarían, hasta el final. Nuestro objetivo era crear una serie de malestares para poder obtener posiciones estratégicas en el monopolio de los productos básicos: agua, arena, trigo y cebada.

Con el dinero de la guerra nos fue fácil conseguir comprar las empresas  necesarias, una vez teníamos el control empezamos a secar el agua dulce del planeta, a fomentar la construcción para acabar con la arena y pronto la gente nos suplicaría por nuestro trigo y cebada cuando las sequias empezaran a hacer efecto.

El plan iba bien, pero mi familia se impacientó, pasaban las décadas y no conseguíamos que la naturaleza claudicara, debíamos acelerar los pasos, por lo que nos arriesgamos con el negocio del dinero, nos costó, pero nos hicimos con el mercado financiero, tuvimos que tumbar monopolios muy antiguos y nos costó desgracias familiares, como la perdida de mis padres y tres tíos a manos de ciertos hombres...

Pero la vida seguía y el plan tenía que ser acatado para acabarlo. A lo largo de los años nos tuvimos que ocultar, disfrazar y manipular a la masa social, debíamos crear nuevos productos en los que la gente creara una necesidad para que siguiésemos amasando poder, ya que el dinero es solo una herramienta más para tener poder...Ese es nuestro secreto, nuestra riqueza fue siempre el poder, nada más que el monopolio del poder.

Cuando tomé yo el testigo familiar tuve que enfrentarme a amenazas políticas complejas, pensé en que jamás conseguiría agotar a la tierra, hasta que un año la sequía apareció y en cinco años todo cambió...cinco años después aquí estoy, muriendo como el resto, orgulloso de mi legado.

¿Por qué lo hicimos? Somos suizos, amamos a la tierra y siempre hemos odiado al ser humano, no queríamos más que vengarnos, por toda la destrucción que realizaba el resto de personas y por desprecio que recibimos del resto de pueblos durante años, todos ellos han pagado con la soberbia, pensaban que Suiza nunca dominaría en nada y demostramos que pudimos dominar en todo.

La gente pensaba que el poder lo tenía EEUU, China, Japón o Alemania...Pero nuestros mayores competidores eran países como nosotros, países discretos y que tenían un fin parecido, pero con un final menos trágico....Holanda, Dinamarca, Suecia y Austria. Ellos evitaron que acabáramos pronto nuestra obra, pero el mundo hubiera acabado igual de la mano de cualquiera de ellos, si nosotros no acelerábamos el proceso ellos hubieran permitido inconscientemente que el ser humano se hubiera devorado así mismo.

Nosotros evitamos que el ser humano se llevara consigo a la Tierra, queríamos que la madre naturaleza volviese a renacer después de nuestro último viaje...


-Mauricio, tráigame el vaso si me hace el favor.-dijo Tobías a su criado antes de beber un veneno. Sus ojos vacíos abandonaron la visión de una ventana que contemplaba como una tormenta de arena envolvía la ciudad, el planeta no se regeneraría jamás, el nivel de desertificación era casi completo.

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