viernes, 8 de diciembre de 2017

Trilogía de la destrucción: Lengua negra


El mundo ya no es lo que era.

La vida en la tierra ha cambiado en los últimos años, yo nací en un entorno agradable, donde podía andar por la calle, ver el cielo azul y beber agua sin problemas, ahora ya no y cada día que pasa el reloj de arena nos va quitando más segundos de vida, las escapatorias van reduciéndose y nos dará caza.

Todo comenzó con nuestra ingenuidad, estábamos más ocupados preocupados en que el mundo se acabaría por la radiación producida por alguna guerra nuclear, por el final del petróleo o algún meteorito que cayese y nos devorase entre llamas. Pero no fue así, hemos sido castigados por algún dios, la muerte será lenta y agónica, no podremos tener la oportunidad de escondernos de la radiación o luchar contra eternos inviernos, la lucha será simplemente por no morir respirando. La contaminación es nuestro veneno y pronto acabará con todo ser humano.

De nosotros quedará todo, nuestros cuerpos que servirán de abono para una renovación del planeta, nuestros edificios serán estructuras que servirán a la naturaleza para crear entornos habitables por el resto de especies que no morirán, porque la naturaleza ha lanzado este último ataque para acabar con su peor epidemia, el hombre. La contaminación mató el entorno y a muchas especies, pero luego volverán a la vida, nosotros no, nadie nos echará de menos, somos un veneno que se ha expandido muy rápido en pocos miles de años y que tiene caducidad, el mal debe dejar de brotar en la Tierra.


Nunca perdí la esperanza cuando veía a la lengua oscura que tapaba el cielo, pensaba que la lluvia la haría desaparecer, pero pronto vimos que no había más lluvia, después la única lluvia que caía era ácida y finalmente empezaron a perecer millones de personas, enfermedades de todo tipo brotaron y la cifra de personas en la morgue era aumentada cada día ¿Cuánto nos quedaría? Quizás los pocos que quedamos seamos supervivientes un día mas, o un mes más, pero no creo que la duración sea mayor, hay que afrontar el final con resignación, ojala no hubiera llegado vivo a este momento, la decadencia del mundo que construimos es deprimente bajo los ojos de un ingenuo que no ve más allá. 

Algunos hemos sobrevivido porque nuestro cuerpo se va pudriendo más lentamente que el resto, ya no hay ocio, ya no hay consumo, ya no hay transporte, solo nos quedan mascarillas y alguna lata de comida, nuestra única existencia es la supervivencia básica, buscar comida, buscar algún manantial de agua no contaminado o botellas de agua que aun estén bien, pero no podemos hacer nada más, no tenemos fuerzas para más. No distinguimos entre la noche y el día, los ojos se han habituado a vivir en una tenebrosa oscuridad constante. 

Algún día en que el cerebro está activo y no adormilado como de costumbre piensas resignado si algún científico no pudo prever esto, si nuestros gobernantes querían suicidarse aceptando este destino o de verdad no habría un remedio para evitar nuestro propio exterminio.

Muchos decían que los culpables eran claros: coches, millones de personas hacinadas en una misma ciudad viviendo a todo tren, pero nadie pensaba en que el ser humano era una máquina de contaminar en sí, viviese donde viviese, éramos chimeneas destructivas que producía contaminación a nuestro paso, destruíamos para sentirnos cómodos en un entorno artificial, porque nunca hemos sido de este planeta, somos un mal introducido en la Tierra, una raza que no estaba cómodo en el entorno natural y por eso debíamos crear el nuestro propio, nuestras propias selvas de hormigón y asfalto.


Esta carta la escribo, no como testamento, no para que la lea otra persona, si no para redimir los pecados de todos los inconscientes que quisimos la vida del suicidio lento y silencioso, en vez de la vida animal que nos dio esta tierra acogedora, somos unos extranjeros ingratos, no hemos querido evolucionar con nuestro entorno, si no superarlo para llegar a una cima vacía, y arenosa que ha desaparecido y ahora los pocos que estamos vivimos en una caída libre, es lo único que nos liberara de este mal, la caída al vacío hacia la muerte.

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