jueves, 16 de octubre de 2014

Miter: tierra de sueños y pesadillas



La luz se iba apagando por el final de la tarde, quienes me acompañaban estaban escondidos junto a mí en lo que parecía un cenagal lleno de juncos y diferente follaje que impedía a simple vista que nos viesen, pero seguramente algún arma de los Zelotes se vería a la legua…Nuestra misión en estas tierras salvajes del Culto de los Mil Rostros era sencilla, explorar, analizar el terreno, capturar a un miembro del clan con vida para saber más de su cultura y poder invadirlos más adelante. Sí, así somos los humanos del Reino de Dios, pero estoy orgulloso de ello.

Nuestro grupo era muy pequeño, pero la mayoría eran veteranos bastante habilidosos en lo que se podía considerar combate, yo por mi parte era un espadero completamente novato junto al Iniciado Arcano que iba temblando a cada paso que daba. Quizás era algo arriesgado llevar a dos jóvenes a este tipo de expediciones, pero los humanos teníamos una vida efímera y debíamos aprovecharla lo máximo posible, por lo que el líder nos había dado la oportunidad.

Jamás había estado en un sitio como este, estaba lleno de humedad, la vida no parecía tener sentido y en cuanto tuvimos contacto con un grupo de monstruos que habitaban estas tierras entendimos el motivo por el que eran tan desdichados. Su vida carecía de sentido, eran un simple juguete de sus dioses, quizás no valía la pena ni matarlos, pero si había oído historias de que eran seres brutales y podrían despedazarnos con facilidad. Por ello, no dudaría en matar a alguno si tenía la oportunidad.

Llegado a un punto sin retorno, nos encontrábamos en lo que parecía el  interior de su territorio, solo habíamos estado unos días agazapados y la vigilancia era mínima, no había puestos de vigías, no había ciudades ni empalizadas, todo era muy extraño para nosotros. Quizás descubrimos el motivo bastante tarde…

Mientras tanto los dos jóvenes se dispusieron a charlar a la luz del fuego, la comida se hacía muy lentamente y quedaba tiempo para relajarse después de unos días de caminatas y estar alerta:

-¿Cómo es que aceptaste esta misión Iniciado?- pregunto el espadachín.

-Supongo que no tenía muchas más opciones, quizás gracias a esta misión pueda avanzar y ser más poderoso.-Dijo dubitativo el Iniciado.

-Bueno, aunque no haya luchado contra los otros pueblos, se que ninguna misión es segura, por lo que no te confíes para que puedas volver a casa y una vez allí no vuelvas a aceptar ninguna misión.- Sermoneo el espadachín con aires de autoridad.

-Quizás tengas razón, pero no estamos en tiempos en los que uno pueda elegir por uno mismo, hay que defender el reino de los demás pueblos.- Alego el Iniciado arcano.

-Puede que tengas razón, pero no me gustaría volver a otra misión, prefiero estar de guardia en alguna fortaleza.- Comentó distraídamente el joven espadachín.

Horas más tarde, un grupo de engendros se abalanzaron sobre el grupo de soldados del Reino de Dios, todo fue muy rápido, no dio tiempo a organizar una defensa y el joven espadachín recibió un duro golpe en la cabeza que lo hizo caer bruscamente al suelo-quizás esté muerto -pensó para sí mismo. Luego su cuerpo se fue alejando del resto de sus compañeros, pudo ver como su joven compañero yacía en el suelo sin movimiento alguno, mientras la oscuridad apagaba su vista.

No sabía que había pasado, no sabía si había pasado unos días, pero se encontraba a oscuras, sin saber donde, ni si acaso estaba vivo. Todos esos pensamientos se pasaban por la cabeza del joven, una tortura mental que no dejaba de atormentar su mente, pero todo se paró cuando una luz apareció en lo que parecía una cueva, sus esperanzas se dispararon, hasta que vio un rostro o mejor dicho una máscara deforme y supuso que estaba capturado, aunque no sabía por quien.

Después de horas cara a cara, el personaje misterioso empezó a hablar, era un dialecto bastante extraño, pero pudo entender sus intenciones, pudo entender que estaba secuestrado, pero no sabía dónde ni lo que querían de él, lo que no entendía era porque no lo mataban como al resto del grupo. Entraron a la sala más personajes extraños, con caretas de piel humana, otros con caras deformadas y muy bruscas, suponía que eran Morlacos y demás criaturas de estas tierras, pero no los había visto nunca por lo que dudaba.

Tras sufrir una serie de torturas sin comprender el motivo, el joven desistió, acepto la muerte, sabía que no podía escapar de ahí y procuró pensar en su tierra, en aquellas maravillosas tierras creadas por el humano civilizado, el cual había formado una sociedad organizada, pero dudaba si esa civilización de la cual había presumido hasta entonces, era superior a la que estaban presenciando sus ojos. Tenía delante un grupo de 5 humanos gigantes, los cuales solo gruñían mientras veían como un Hombre León mordisqueaba los huesos salidos del joven, había perdido mucha sangre y llevaba días sin comer, cada vez tenía más alucinaciones…Hasta que de repente la luz volvió a iluminar su rostro.

-¿Qué ocurre?- pensó el joven, mientras era movido a gran velocidad en lo que parecía un trineo de madera.

Después de agonizar y gritar por las heridas, un ser pequeño le dio algo de agua, aplicó una sustancia en sus heridas y tapó las más graves. No sabía que pasaba, pero si no estaba soñando, aquel ser lo había salvado.

Días más tarde el joven se despertó, estaba en otro paraje totalmente diferente, una selva bastante densa lo rodeaba, no sabía cómo había llegado hasta ahí, pero seguía vivo, de eso estaba seguro. Cansado y sediento se encontraba aturdido entre las ramas que habían formado improvisadamente su cama. Una figura se acercó hacia él, era un ser pequeño, como un niño, llevaba ropajes extraños, pero parecía más un guerrero que un simple crio, rápidamente se dio cuenta de quien tenía delante: ¡Era un Huérfano!




Este relato fue publicado en la revista de mis amigos de El Quinto Destino número 21, si quereis visualizarlo maquetado descargaros la revista aquí

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