martes, 20 de mayo de 2014

Bar de la Desdicha


Una vez entras en el antro, no puedes salir de allí, la sala de menos de 30 metros cuadrados no da espacio para respirar con comodidad, solo hay suciedad, oscuridad y poca gente agradable, pero te engancha más que la droga y no puedes evitar no acudir todas las tardes para escapar del mundo que te rodea. Esconderte en esa gruta apestosa era lo que más me atraía, pese a que aquella tarde cuando entré no era más que lo mismo de todos los días.

Aunque había entrado de día, no se distinguía dentro que hora era, porque siempre estaba una luz tenue, no dejaba ver bien las caras de los individuos que habitaban ese oscuro lugar, solo había dos borrachos en la barra semiconscientes, al fondo una barra americana hacia de soporte para que un travesti llamado Snake se deslizara por aquella barra oxidada e hiciese las funciones similares de una bailarina, hasta arriba de coca, todo un espectáculo de ver...Lo peor era dentro de la barra, parecía una pocilga, el que supuestamente era el camarero se dedicaba intentar violar a un cerdo sin éxito alguno, pero peor era que escondido en una esquina el cuarto miembro de la sala veía la escena detenidamente mientras se masturbaba matando desesperadamente su ridículo placer.

Personalmente pensaba que ese era el día más activo y animado, con una música de vinilo medio rayado de fondo, canciones de los años 20 y un sonido de los gemidos del guarro de fondo lo hacían bastante vivo y a la vez muerto, quizás estuviera vivo porque los que lo poblaban tenían algo de sangre en su cuerpo aun, pero era una cuadra llena de cadáveres sin futuro. Despojos de la sociedad que nadie quería, el hecho era que nadie diferente de los nombrados y alguno más que de vez en cuando se dejaba caer por ahí, habían visitado ese antro desde hacía años, mucha gente de la calle pensaba que estaba cerrado por la suciedad de los cristales que impedía ver lo que dentro se vivía.

El refugio para esos pobres malditos, yo uno de ellos, me dedique a servirme a mí mismo un zumo de piña y sentarme tranquilamente en una mesa, no hablaba con nadie, solo sorbía el liquido por una pajita usada... Pero eso era precisamente lo que buscaba, el silencio, un rincón oscuro donde poder aislarme del día a día, a fuera todo era igual, pero más estresante, aquí aunque oliese mal y la compañía no fuese buena, mi alma se encontraba en paz consigo misma, quizás fuese lo que me pedía pero era duro de aceptar.

Toda esa calma que pedía se fue al garete en unos segundos cuando terminé de sorber las últimas gotas de mi zumo. Unas patadas a la puerta anunciaron el preludio, la puerta del local se rompió y entro la luz, nosotros nos tapamos y vislumbramos una sombra, algo malo iba a pasar y no sabía el que era, por lo que no estaba preparado para afrontar esa intrusión de mi intimidad, ese ataque a nuestro momento de desdicha y abulia.

Se trataba de la brigada de la zanahoria pelada y el cebollín apestado, unos desgraciados que no tenían nada que hacer en su vida más que molestar a pobres maldecidos como nosotros, habrían descubierto nuestra gruta y habrían decidido poner fin a la desdicha farragosa que se acumulaba en la sala. Tras unos gritos autoritarios, vestidos de uniforme juntaron sus botas para cuadrarse y después de un discurso macabro y sin sentido nos ordenaron salir del bar, muchos aceptamos a regañadientes, pero el pobre Snake se agarró a la barra mientras tiraban de él, este desesperadamente lamia la barra oxidada mientras sollozaba. El gorrino fue liberado de su acosador, pero una vez que sacaron a todo el mundo de ahí prendieron fuego a nuestra habitación por orden del gobernador y una ley absurda, en beneficio de unos pocos en contra del resto...

El bar ardía...Nuestra vida se paralizaba, todas nuestras esperanzas ahí perduraban para siempre, la vida ya no tenía sentido para nosotros y seriamos multados con mucho dinero que no tendríamos jamás, por ser sucios, apestados, locos y malnacidos o todo eso fue de lo que se nos acuso. Nadie quería ayudarnos, solo nos señalaban con el dedo, pero que podíamos esperar de la misma gente que nos había incitado a llevar esa vida, dejándonos ahí escondidos, ahora éramos un problema para la vista de la sociedad, por lo que fuimos como nómadas de puente en puente, hasta acabar en las alcantarillas. Proscritos éramos y vivíamos en la miseria, mientras encima de nuestros pies vivía una sociedad más enferma que nuestras infecciones, pero eso no importaba, fuimos cayendo poco a poco, hasta que quede yo y me decidí a escribir este resumen de lo sucedido para demostrar nuestra inocencia en un cenagal donde la luz se apagaba poco a poco...

No hay comentarios:

Publicar un comentario