martes, 15 de octubre de 2013

El silencio de unos pocos ha terminado...



La noche había llegado en una aldea regentada por el clan Buke, una de las últimas posadas de la aldea había dado cobijo a un grupo de samuráis del clan que iban a realizar una reunión importante, los samuráis se encontraban vestidos con ropas más ligeras y sin armas, observaban como las geishas realizaban la ceremonia del té. En esa reunión había sido invitado el kensei de la zona, un hombre anciano pero aun respetado por su sabiduría en el combate y en los asuntos del pueblo.

Los Otokodate habían atacado muchas aldeas mantenidas por el clan Buke y robaban todas las riquezas que podían para financiar sus fechorías o por lo menos eso pensaban los Buke que estaban bastante enojados por la situación, por ello querían saber el consejo de aquel anciano Kensei para saber como podían actuar para atrapar a esa gente y aplastarlos a todos de una sola vez. El anciano al escuchar tales preguntas, miro hacia los samuráis y les dijo: " La mejor manera de encontrar a un Otokodate es llamar su atención, sentarse y esperar a que ellos vengan...". Los samuráis enfurecidos por la respuesta tan irrespetuosa querían marcharse del lugar por no pegar una paliza a aquel anciano que los llamaba cobardes y débiles con sus sabias palabras.

Tras tranquilizarse, los samuráis siguieron con la larga ceremonia del té, pero llegó un momento en el que las geishas pararon la música y miraron fijamente a los hombres, los samuráis intuyeron que algo malo iba a pasar, por lo que intentaron salir a por sus armas, cuando de repente un grupo de tres ashigarus abrió la puerta y empezaron a cercenar miembros de sus enemigos, hasta acabar con todos los samuráis con la ayuda de las geishas que apuñalaban a los que fueron sus clientes. Después rodearon al anciano, este anciano ya no tenía miedo, pero quería seguir viviendo, esto fue intuido por sus adversarios que lo dejaron vivir en una sala llena de cadáveres y sangre.

El pequeño grupo de guerreros del clan Otokodate huyó hacia el bosque, ahí les esperaba un siniestro hombre que iba cubierto con una capa negra y solo se veía un sombrero de paja que lo tapaba el rostro, tras acercarse a él le hicieron una seña y el ronin que esperaba a sus hombres dio media vuelta e inicio la huida, debajo de su sombrero una pequeña sonrisa se formo entre unos labios duros y sufridos. 


"Una pequeña victoria nos da pie a ganarnos el privilegio de participar en una gran batalla"- pensó el ronin mientras corría entre los arbustos.

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